Iba caminando por un tunel oscuro, estrecho; podia escuchar a las ratas correr, el lugar tenia un olor putrefacto. Nunca supo porque estaba ahí. Siguió caminando, despacio. El sonido de sus pasos retumbaba en las paredes cuando pisaba aquella agua verdosa, simplemente asquerosa. De repente, al fondo del tunel, vió una luz: era sólo un destello pero era más que suficiente incentivo para llegar hasta el final.
Se llamaba Pedro, le decían Pedrito. Siempre fue el mejor alumno de su clase, el más atento de sus hermanos; era un niño servicial, bueno y muy inteligente. No habia premio que no hubiese ganado, todos le querian y él queria a todos. Ese era Pedrito.
Cuando se encontró a sólo dos pasos de aquel mínimo punto de luz se sintió confundido, débil, cansado pero sabia que faltaba poco. Avanzó y de pronto vio la silueta de una persona. Era Juanito, su mejor amigo. Pedrito no entendía nada, aún asi lo saludó alegremente pero Juanito no respondió y lo miró como a cualquier otra persona en el mundo. “¿Qué era lo que pasaba?”, se preguntó Pedrito. Decidió preguntarle la razón de su desprecio.
- ¿Quién eres tú? – preguntó Juanito.
- Soy Pedrito, tu mejor amigo – respondió Pedrito.
- Tú no eres Pedrito, yo a ti no te conozco. Adios – le dijo Juanito.
- ¡Espera! – le dijo Pedrito, pero Juanito había desaparecido.
Pedrito no sabía que pensar: su mejor amigo no lo había reconocido; su compañero de travesuras, su hermano del alma se había olvidado de quien era pero, ¿Quién era realmente él?
Estaba soñando, empapado en sudor despertó.
Se encontraba en un lugar extraño. Era un cuartucho inmundo, lleno de cucarachas. Estaba durmiendo sobre unos cartones y algunos diarios lo intentaban cubrir del frío. De repente todo fue sombras y Pedrito, que ni siquiera sabía si realmente era él, se dio cuenta de su realidad. Aquel tunel era la casa donde vivía, aquellas ratas eran sus mascotas, el olor putrefacto provenía del desague que bordeaba su cama. Esa era su vida, en sus sueños era capaz de ser el Pedrito feliz, alegre y querido por todos, fantaseando vivía en aquel mundo utópico que nunca existiría ni de cerca para él. Nunca habia sido el mejor de su clase porque ni siquiera había tenido oportunidad de ir a la escuela, nunca habia sido el más atento de sus hermanos porque era huérfano, nunca sería el niño adorado por todos porque nadie lo conocia. Vivia en las sombras.
Todo era relativo.